viernes, 29 de junio de 2007

Para los de mi edad…

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función, achicarlo un poco.

No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los gurises los colgábamos en la cuerda junto a los chiripas; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales).

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Sí, ya sé. a nuestra generación siempre le costó desechar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y anduvimos por las calles guardando los mocos

en el bolsillo y las grasas en los repasadores.

Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad. ¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor.

Lo que digo es que en algún momento me distraje, me cambió el mundo y ahora no sé por dónde se entra.

Lo más probable es que lo de ahora esté bien, éso no lo discuto.

Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año y el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de nylon que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de alpaca en el cajón de los cubiertos! Es que vengo de un tiempo en que las cosas se compraban para toda la vida.

¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después. La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.

¡Nos están jodiendo! ¡Yo los descubrí!

¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara.

¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike?

¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?

Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?

Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años, que en toda la historia de la humanidad.

El que tenga menos de 40 años no va a creer ésto: ¡¡Cuando yo era niño, por mi casa no pasaba el basurero!! ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de.........años !Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII).

No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan.

Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.

De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor.

Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el "guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo" pasarse al "compre y tire que ya se viene el modelo nuevo".

Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número...!!!, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era mi nombre como para cambiarlo....Teodoro)

Me educaron para guardar todo. Toooodo !!! Lo que servía y lo que no. Porque algunas de las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

Sí ya sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque habíamos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín y no sólo éso sino guardamos la primera caquita.

¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo? ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones.

El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.

Y guardábamos.

¿Qué cosas guardábamos? Tooooodo lo guardábamos!! ¡Guardábamos los chapitas de los refrescos! ¿Para qué? Hacíamos limpia calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convert ían en cortinas para los bares.

Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año en la escuela.

¡Tooodo guardábamos!

Y las cosas que nunca usaríamos.

Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que alguien podía volver a precisar.

Cajas de plástico sin la tinta, cajas de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón, Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían su encendedor.

Cuando el mundo se exprimió el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventamos la recarga de los encendedores descartables.

Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar.

Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de paté por las dudas de que alguna lata viniera sin su llave.

¡Y las pilas! Las pilas de las primeras salidas pasaban del congelador al techo de la casa.

Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más

No nos resignábamos a que se terminara su vida ; no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín

Las cosas no eran desechables. Eran guardables.

¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver.

Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al cuadril…!! Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún remedio no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la cocina desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.

Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posamates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención y los mazos de cartas se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía "Léase que es un 4 de bastos".

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos.

Así como hoy las nuevas generaciones deciden "matarlos" apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada…. Ni a Walt Disney.

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertían en base y nos dijeron: "Tómese el helado y después tire la copita", nosotros dijimos que sí pero,...minga que la vamos a tirar…!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.

Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos.

Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza.

Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservamos.

¡No lo voy a hacer! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.

Pero no cometería la imprudencia de comparar objetos con personas.

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero.

No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.

No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.

Esto sí habla de paños y de celulares.

De lo contrario, si mezclamos las cosas, tendré que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago por una señora con menos años y alguna función nueva.... ¡¡¡¡Ohhhhh ....soy un viejo desgraciado....y mal nacido,... no me dí cuenta de que los años han pasado y estoy totalmente arrugado y descartable!!!! Y como yo soy lento para transitar este mundo de la reposición, corro el riesgo de que la "bruja" me gane de mano y sea yo el entregado, es lo más seguro, sniffffff...!!!!!